Valeria, 30 años
Me han enseñado a sentir mi cuerpo, a sentir todas las contracciones que tenía en mi brazo derecho, pero sobretodo me han ayudado a percibir las sensaciones que sentía en el brazo y la pierna izquierda. Ver más »
Valeria, 30 años (AVC isquémico izquierdo)

“En marzo de 2004 estaba al borde de la depresión, no porque no hubiera aceptado lo que me había sucedido, sino porque mi cabeza continuaba haciéndose una pregunta detrás de otra. Preguntas que encontraban por parte de los médicos respuestas débiles, parciales y, sinceramente, poco convincentes.
A finales de mayo de 2004, mis perspectivas eran las de tener que tomar dosis importantes de fármacos de modo continuado, depender de las ayudas técnicas y pasar por una operación en el tendón de Aquiles ya que se estaba acortando.
En el centro del Dr. Perfetti (Villa Miari), algunas de mis preguntas encontraron respuesta antes de que yo las hiciera.
Me sacaron todos los fármacos, el Lioresal o Baclofeno, la férula palmar para la distensión de la muñeca y de los dedos, la férula del pie,… y me explicaron por qué una operación en el Tendón de Aquiles habría sido inútil, dañina y además habría tenido consecuencias irreparables.

Me han enseñado a sentir mi cuerpo, a sentir todas las contracciones que tenía en mi brazo derecho, pero sobre todo me han ayudado a percibir las sensaciones que sentía en el brazo y la pierna izquierda.
Con los ojos cerrados, en silencio, ¡Cuántas cosas se pueden sentir del cuerpo!
Fiorenzo, 28 años (Traumatismo Cráneo-encefálico)
“(…) Hace algunos meses no tenía la percepción de algunas zonas del cuerpo…
Recuerdo que sentado, despegando la espalda de la silla no la sentía. Era la zona derecha desde las últimas costillas hasta el glúteo. No ha sido fácil reapropiarme de ella, pero con el ejercicio apropiado lo conseguimos.
Con los ojos cerrados me resultaba muy difícil entender si los hombros estaban a la misma altura, en particular el hombro derecho, ¡no lo sentía! También esta vez con las esponjas fui capaz de aferrarlo, de hacerlo mío…
Recuerdo las primeras veces que empezamos a ocuparnos del brazo derecho…
Las primeras veces, con los ojos cerrados empezaba a sentir del hombro hasta el cuello, luego el brazo hasta el codo, después llegaba hasta la muñeca… Al principio solamente sentía una línea de un par de dedos de anchura.
Las veces sucesivas fui capaz primero a sentir bien el hombro, luego el trozo del codo a la muñeca y al final del hombro al codo. El paso sucesivo fue el de sentirlo entero: recuerdo que me fue muy difícil la primera vez, lo conseguí solo por un momento…
(…) Cuando hacemos los ejercicios yo cambio. Se abre una puerta, alguien me coge de la mano y me acompaña, lentamente y con seguridad, me fío y le sigo sin preocuparme por nada más.
He sentido cada parte de mi cuerpo y ahora es más mío, lo he recorrido insiriendo cada parte en la anterior…he entendido que la sensación no es completa si no prevé cada articulación como tal, apta para crear estabilidad que permita movimiento: Siento el lado izquierdo que se une vertical sobre el pie, el hombro derecho no cede sino que se mantiene horizontal con el izquierdo, el costado derecho sostiene la pierna, libre para hacer el paso….”
